La sonrisa de Miguel
El corte de ruta no discrimina. Aquí hay autos viejos, nuevos, familias enteres, jóvenes, motos, empresarios, jornaleros, comerciantes. Es una pluralidad a la que no estamos acostumbrado los porteños a ver en las protestas, marchas o semejenates. Quizas, lo más parecido a esto, haya sido aquel nefasto 19 de diciembre de 2001. Aca todos son iguales, con el mismo nivel de validez en la opinión. Algo muy democrático que ni siquiera iguala a las desaparecidas asambleas populares.
Uno de los representantes mas fieles del corte es Miguel Perez, un chacarero que estacionó su enorme tractor cruzando la ruta portando una bandera argentina que se ve desde lejos. Forma parte del grupo de asambleístas que cortó por primera vez la ruta. Por eso, todos los saludan y lo respetan. Hace dos días que nos baja desde lo alto de única herramienta de trabajo y mantiene la misma fuerza de los primeros momentos. “Es como la cámara de Hitler pero al aire libre” dispara contra las papeleras sin dar mayores explicaciones sobre su comparación. No es ecologista pero su lucha lo llevó a estudiar mas sobre los cambios que provoca la fabricación de papel. “Hitler los encerraba y les tiraba el gas, estos (por Botnia) lo tiran al río y al aire y vos los tomás y lo respirás. Encima es una muerte lenta” explica mientras ceba un nuevo mate.
No cree en ningún político, porque todos son corruptibles. “Cuando vino Kirchner, le dieron la remera de No a las papeleras y el muy cagón se la dio vuelta para que no saliera en las fotos”. Sostiene que esto es un conflicto nacional y que si no se lo considera como tal “se va a armar feo” porque ellos no van a torcer el brazo. Está decepcionado con los medios nacionales que “al principio estaban con nosotros y después los compraron para que se den vuelta”. Se sorprende porque no sólo van argentinos de todo el país a apoyar el corte, sino que se colma de turistas que se comprometen a seguir la lucha en su país.
Por un momento deja de hablarme, porque ve que comienza a llegar la caravana de estancieros que después de su encuentro anual se dirigieron al corte para expresar su apoyo a Gualeguaychú. Conté por lo menos 40 estancieras con familias enteras, chicos con cámara de fotos y filmando, perros que ladran cantando presente en la protesta y muchas bocinas que truenan. Miguel se pone de pie, sin bajarse de su tractor, y comienza a dirigir el canto insignia “Decile No a las papeleras, decile No a las papeleras”. Todos acompañan el canto y un aplauso unánime y respetuoso que muestra el agradecimiento hacia el Club Argentino de Estancieros. A ellos los dejan pasar. Por un momento, el aplauso y su canto le acerca la sonrisa a Miguel.
Uno de los representantes mas fieles del corte es Miguel Perez, un chacarero que estacionó su enorme tractor cruzando la ruta portando una bandera argentina que se ve desde lejos. Forma parte del grupo de asambleístas que cortó por primera vez la ruta. Por eso, todos los saludan y lo respetan. Hace dos días que nos baja desde lo alto de única herramienta de trabajo y mantiene la misma fuerza de los primeros momentos. “Es como la cámara de Hitler pero al aire libre” dispara contra las papeleras sin dar mayores explicaciones sobre su comparación. No es ecologista pero su lucha lo llevó a estudiar mas sobre los cambios que provoca la fabricación de papel. “Hitler los encerraba y les tiraba el gas, estos (por Botnia) lo tiran al río y al aire y vos los tomás y lo respirás. Encima es una muerte lenta” explica mientras ceba un nuevo mate.
No cree en ningún político, porque todos son corruptibles. “Cuando vino Kirchner, le dieron la remera de No a las papeleras y el muy cagón se la dio vuelta para que no saliera en las fotos”. Sostiene que esto es un conflicto nacional y que si no se lo considera como tal “se va a armar feo” porque ellos no van a torcer el brazo. Está decepcionado con los medios nacionales que “al principio estaban con nosotros y después los compraron para que se den vuelta”. Se sorprende porque no sólo van argentinos de todo el país a apoyar el corte, sino que se colma de turistas que se comprometen a seguir la lucha en su país.
Por un momento deja de hablarme, porque ve que comienza a llegar la caravana de estancieros que después de su encuentro anual se dirigieron al corte para expresar su apoyo a Gualeguaychú. Conté por lo menos 40 estancieras con familias enteras, chicos con cámara de fotos y filmando, perros que ladran cantando presente en la protesta y muchas bocinas que truenan. Miguel se pone de pie, sin bajarse de su tractor, y comienza a dirigir el canto insignia “Decile No a las papeleras, decile No a las papeleras”. Todos acompañan el canto y un aplauso unánime y respetuoso que muestra el agradecimiento hacia el Club Argentino de Estancieros. A ellos los dejan pasar. Por un momento, el aplauso y su canto le acerca la sonrisa a Miguel.
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