El punto de bifurcación
Caminaste mucho. Llegaste a un cruce de caminos. El punto de bifurcación es un estado extraño. Aquí no hay condiciones normales de presión ni temperatura, aquí no hay ciencia exacta - ni de las otras - que sirvan para determinar cual de los dos caminos es el que debes seguir. Estás ahí, parado frente a un dilema, sin mapa. La brújula marca el norte en ambos sentidos. El pequeño telescopio guiado por tu instinto con asesoría de tu razón, no ve la llegada con claridad. Y no porque no tenga buen alcance. Ha divisado tantas llegadas con certeza, que te resulta extraño. Seguís allí, en el punto de bifurcación sin saber por donde seguir. Tu cabeza funcionando a varias revoluciones por segundo. Sentís que sólo no podes. Que necesitás una palabra, un consejo, para que todas las hipótesis, recuerdos, proyecciones, opiniones, sentimientos que te marean en este momento se ordenen de una vez. Lo encontrás. Alguien cercano y muy querido te da la palmada en la espalda y te apoya. “Anda por allá” te sugiere. Avanzas muy poquito hacia uno, sin pleno convencimiento. Aparece la duda y descubrís que no es sólo la jactancia de los intelectuales. Que vos también las padecés. El primer momento frente a la duda es de inseguridad, de incertidumbre absoluta. En el siguiente, aparece la posibilidad de pensar y evaluar. Sí, es mucho para un sólo momento. Pero una vez tomada la decisión, vas a agradecer haber tenido dudas. La duda siempre determina el grado de importancia del punto de bifurcación. A mayor cantidad de dudas, mayor relevancia para tu vida es la decisión que estás por adoptar. Si las grandes decisiones no tuvieran dudas, no serían tales.
Luego de tu primer paso hacia delante, te arrepentís y volvés para atrás. Pero ya no sos el mismo que dejó el punto de bifurcación, donde ahora estás parado. Algo cambió. Ese paso te ayudó. Sentís que con él, conseguiste una muestra gratis de lo que significa ese camino. En ese instante, descubrís que aquel no es la vía por la que querés llegar a la meta. Ahí el principio de incertidumbre se aleja y amanece la decisión. Desechas aquel camino. Ves que la brújula sólo marca un camino: el otro. El mismo por donde el telescopio ahora divisa algo a lo lejos. Resta avanzar. Saber que la decisión nunca es una sola, porque un SI a un camino, siempre es un NO al contrario. (por eso es extraño que exista la palabra “decisión” en singular, sólo debería admitirse “decisiones”) Levantás la vista. Dejas de lado, como podés, el camino rechazado. Das el primer paso por el nuevo…despacio, buscando mayor seguridad en el segundo. Con el tercero va desapareciendo la duda. En el próximo guardas la brújula. Con el quinto te detenés ligeramente y mirás hacia atrás y ya no ves el punto de bifurcación. Señal de avance indiscutido. Girás la vista y con una sonrisa caminás con mayor firmeza. “Hay que seguir para adelante” te alentás interiormente. Levantas la vista y ves el camino elegido. No te parece sencillo, pero ya no te importa. Sabés que te espera la llegada con todas las respuestas. Es tu decisión. Ya no lo dudes.