Pink Floyd soy yo


La segunda visita de Roger Waters a la Argentina nos mostró a un artista consagrado en la escala mundial no sólo como el alma mater de Pink Floyd, la banda que fundó una nueva filosofía musical desde Cambrigde en la década del 70, sino como una voz destacada a la hora de despertar cabezas para no estar “confortablemente adormecido”. La música estuvo estrictamente acompañada por videos e imágenes que facilitaba la interpretación de las letras en inglés y acercaba a los mas alejados a la mítica del grupo, como las imágenes inéditas de un joven Syd Barret, fundador y mito de la banda fallecido el año pasado, o las pscodélicas imágenes en On the run y Any color you like. Un recital donde no falaron las familias, los padres llevando a sus hijos y viceversa, jóvenes en busca de respuestas y de nuevas experiencias de las viejas bandas.
El concierto que se vendió como la interpretación de The Dark Side of the moon, el mas exitoso disco de Pink Floyd, en realidad estuvo dividido en 3 partes.
La primera hora fue un repaso por una selección de temas puramente waterianos de Pink Floyd de los discos The Wall, Animals, Wish you were here A sacerfull of Secrets y The Final Cut sumados a un tema nuevo –Live in Beirut- que cuenta la historia de un viaje inicíatico por Medio Oriente del cantante a sus 17 años, donde encontró una familia árabe muy hospitalaria en el Libano.
Desde el inicio, ya se vislumbraba la intensidad del recital cuando abre con el clásico In the Flash. Luego, la emoción de Mother; el homenaje a Syd Barret en Shine on you crazy diamond y Wish you were here; la férrea oposición a la guerra y el autoritarismo en Southampton Dock y The Fletcher Memorial Home; el disgusto con la corporación discográfica en Have a cigar y el multimedial Sheep que incluyó el clásico cerdo inflable de la portada de Animals – esta vez con inscripciones y giros locales como “Nunca Mas” “Donde está Julio Lopez” “Desaparecidos” “Encierren a Bush antes que nos mate a todos” “Videla, Galtieri, Thachter y Bush: todos dan asco”, que se paseó por todo el perímetro del escenario, un momento muy parecido al de U2 cuando Bono se puso el pañuelo de la Madres de Plaza de Mayo.
Termina el primer acto y tras un corte de 15 minutos donde la pantalla de alta definición mostraba a una luna solitaria y avanzando lentamente hacia la tierra, Waters y su banda de 10 músicos transporta las 110 mil almas del estadio de River a 1973 para cambiar el aire con Breath, el tema que abre The Dark Side of the moon. Si! Een vivo, el disco que todavía tiene el record de permanencia en los primeros puestos de la revista Billboard (mas de 700 semanas) sonando entero en Buenos Aires, con músicos que a nivel musical no desentonaron con la exigencia floydiana. Muy correctas las versiones de Money y Time, cálida y justa la voz de Carol Kenyon en la difícil The great gig in the sky, que dio paso al guitarrista John Carin para que tome el luegar de David Guilmour en la intensa Us and them. Para el cierre, Waters tomó el micrófono y electrizó con Brain Damage y Eclipse mientras un prisma de laser –ícono de la tapa del disco- desplegaba un haz de luz blanco y otro multicolor que recorría todo el estadio.
Para los bises no podían faltar el rendidor Another brick in the wall part II - el mas vivado de la noche- y eterno e incansable Confortably Numb, cuyo sólo de guitarra está considerado como uno de los mejores de la historia.
En dos noches, Waters mostró la vigencia de uno de los grupos mas importantes de la historia, y que a esta altura poco le interesa que su ego descienda del lugar de genio creativo de la banda que él mismo autoproclamó. Al estilo Luis XIV, el absolutista rey de Francia, Roger Waters deslumbró Argentina queriendo dejar en claro que “Pink Floyd soy yo”.
El concierto que se vendió como la interpretación de The Dark Side of the moon, el mas exitoso disco de Pink Floyd, en realidad estuvo dividido en 3 partes.
La primera hora fue un repaso por una selección de temas puramente waterianos de Pink Floyd de los discos The Wall, Animals, Wish you were here A sacerfull of Secrets y The Final Cut sumados a un tema nuevo –Live in Beirut- que cuenta la historia de un viaje inicíatico por Medio Oriente del cantante a sus 17 años, donde encontró una familia árabe muy hospitalaria en el Libano.
Desde el inicio, ya se vislumbraba la intensidad del recital cuando abre con el clásico In the Flash. Luego, la emoción de Mother; el homenaje a Syd Barret en Shine on you crazy diamond y Wish you were here; la férrea oposición a la guerra y el autoritarismo en Southampton Dock y The Fletcher Memorial Home; el disgusto con la corporación discográfica en Have a cigar y el multimedial Sheep que incluyó el clásico cerdo inflable de la portada de Animals – esta vez con inscripciones y giros locales como “Nunca Mas” “Donde está Julio Lopez” “Desaparecidos” “Encierren a Bush antes que nos mate a todos” “Videla, Galtieri, Thachter y Bush: todos dan asco”, que se paseó por todo el perímetro del escenario, un momento muy parecido al de U2 cuando Bono se puso el pañuelo de la Madres de Plaza de Mayo.
Termina el primer acto y tras un corte de 15 minutos donde la pantalla de alta definición mostraba a una luna solitaria y avanzando lentamente hacia la tierra, Waters y su banda de 10 músicos transporta las 110 mil almas del estadio de River a 1973 para cambiar el aire con Breath, el tema que abre The Dark Side of the moon. Si! Een vivo, el disco que todavía tiene el record de permanencia en los primeros puestos de la revista Billboard (mas de 700 semanas) sonando entero en Buenos Aires, con músicos que a nivel musical no desentonaron con la exigencia floydiana. Muy correctas las versiones de Money y Time, cálida y justa la voz de Carol Kenyon en la difícil The great gig in the sky, que dio paso al guitarrista John Carin para que tome el luegar de David Guilmour en la intensa Us and them. Para el cierre, Waters tomó el micrófono y electrizó con Brain Damage y Eclipse mientras un prisma de laser –ícono de la tapa del disco- desplegaba un haz de luz blanco y otro multicolor que recorría todo el estadio.
Para los bises no podían faltar el rendidor Another brick in the wall part II - el mas vivado de la noche- y eterno e incansable Confortably Numb, cuyo sólo de guitarra está considerado como uno de los mejores de la historia.
En dos noches, Waters mostró la vigencia de uno de los grupos mas importantes de la historia, y que a esta altura poco le interesa que su ego descienda del lugar de genio creativo de la banda que él mismo autoproclamó. Al estilo Luis XIV, el absolutista rey de Francia, Roger Waters deslumbró Argentina queriendo dejar en claro que “Pink Floyd soy yo”.