2007/08/14

Carta a Bielsa


Estimado Marcelo Bielsa:

Me dirijo a usted para expresarle mi plena satisfacción de ver cómo retorna al fútbol y de saber que su sabiduría, su don de gente, su profesionalismo y su dedicación, colmarán de aire fresco un ambiente futbolístico tan alejado de esas cualidades y amante de otras prácticas mucho menos caballerosas. Con la misma sinceridad y sentimiento que expresé lo anterior, debo reconocer que en lo personal y pasional no me gusta que el lugar elegido sea la selección chilena de fútbol. Desde ya que entiendo las razones profesionales de su decisión, y eso es lo que habla muy bien de usted, pero como amante del fútbol y de Argentina, me duele que cruce la cordillera. Conociendo su gran fervor y sentimiento nacional –siempre bien entendido (que lástima que sea necesario aclararlo) - se que a usted le es mas complicado aún y que sentirá raras sensaciones cuando ambas selecciones se crucen allí o acá. Como fiel seguidor suyo, prometo seguirlo, ver la forma de juego, escucharlo. Es difícil desearle éxito a su gestión cuando ello implica inevitablemente el éxito de nuestros hermanos trasandinos y espero no enfrentarme al sentimiento de envidia hacia ellos.
Su vuelta a las canchas vigoriza las ansias de querer más al fútbol como deporte, como juego, cuando ya casi se entiende sólo como negocio. Escuchar sus largas pero profundas conferencias de prensa, donde vierte conceptos, habla con propiedad, argumenta correctamente mas allá de tener razón o no, respeta al periodista y por sobre todas las cosas donde obliga a pensar a quien lo escucha, será un ejercicio que haré con gusto y atención aunque su pechera se vea roja.
Espero que este nuevo desafío sirva para mostrar otra vez que el fútbol es mas que un resultado donde cualquier factor puede determinarlo. Como aquella noche en Brasil, donde la selección argentina que usted dirigía le dio una lección de fútlbol al mundo (de hecho jamas vi tanta superioridad de un equipo argentino sobre un brasileño jugando de visitante) aunque los tres penales de Ronaldo digan que el resultado es otro.
Gracias por enseñarme que el fútbol es algo mas que un tablón, una puteada, un resultado.

Adiós al tercer galán


“¿Como te llamás?” fueron las únicas tres palabras que Fontanarrosa me cruzó en toda mi vida y en la suya. Mi único contacto personal con él, lo refleja esta dedicatoria - autógrafo dibujada con su mano derecha que me dedicó en una feria del libro en Buenos Aires, para que yo tuviera su recuerdo en uno de sus más logrados libros: “La mesa de los galanes”. No soy de querer autógrafos, no veo valores en ellos, pero hoy lo releo y es inevitable verlo con otros ojos. En toda mi vida sólo recuerdo este y uno perdido entre mis cosas de mi soltero de Flavio Ciancirulo, el bajista de los Cadillacs. Este fue un arranque de adolescencia. El de Fontanarrosa en cambio, un lapsus de admiración. Admiración por la expresividad en la síntesis y por la profundidad en la economía de palabras. En sus cuentos están las palabras exactas, la puteada oportuna y sobre todo la infaltable sabiduría de la escuela de la calle de todo trovador de aceras. Que no es suficiente, pero si necesaria para la vida. El rosarino hace fantasía con lo cotidiano y demuele en pocas páginas varios tratados de filosofía que ocupan tomos y tomos. Con la ironía desdramatiza el dolor de los que menos tienen, dejando el claro que no son ellos quienes menos son. Soy mas seguidor de su obra narrativa que de sus dibujos con globitos. Sus cuentos que hablan de futbol, de cultura, de política, de sociedad, de personajes menores y mayores. Empecé a leerlo cuando ya Osvaldo Soriano había muerto y hoy, con varios de sus cuentos a cuestas, creo que es su más legítimo continuador y completa el podio de los tres representantes modernos de la literatura popular que gobierna el ya olvidado Roberto Arlt. Hoy los tres estarán releyéndose en algún lugar. Estarán comentando anécdotas de sus personajes peronistas y de los gorileanos. Riendo y llorando sobre esta Argentina que describieron tan magistralmente con su pluma en distintos momentos de nuestra historia, pero que trágicamente se repiten una y otra vez.
¡Qué gusto haberlo saludado en aquel momento, Sr. Fontanarrosa!